No hay nada imposible, porque los sueños de ayer son las esperanzas de hoy y pueden convertirse en realidad mañana.
sábado, 27 de diciembre de 2008
De los versos que atraviesan mi oído, se desprenden sensaciones maravillosas.Siento cómo me susurran e invaden mis más íntimos recovecos. Pues, claro está, no requieren permisos, ni porqués. Fluyen, cual río desembocando en mar, cual beso incontenible promulgado en el nombre del placer.Y cuando digo placer, me refiero a aquel carnal, despojado de toda ternura y niñería, repleto de la pureza más sucia, de la verdad más mentirosa. Sin pelos en la lengua, afirmémoslo, cada quién busca el placer. Está en nuestra naturaleza. Somos básicos, individuos sujetos a la continua erosión. Sin embargo, poseemos cierta dualidad. En ocasiones la mente mina el avance del deseo,lo manipula con lógica propia, y lo anula (mejor dicho, lo adormece, pues el placer es irrefrenable, así como el fuego de la muerte continúa íntegro y flameante en el asesino rehabilitado). Mas yo no protejo tras mi escudo esta realidad. Me repugna, y me fascina. El hombre puede, y no puede.Yo puedo, y no puedo mantener mi pluma quieta.Aunque de hecho, por ahora, así lo haré.
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